Celebración de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada:

El pasado sábado 14 de febrero, la Vicaría de San José se convirtió en el hogar de una celebración cargada de significado: la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada. En un ambiente de profunda alegría, las comunidades religiosas de las vicarías de San José y San Pablo se unieron para celebrar el don de su vocación y fortalecer los lazos que las hermanan en el servicio a la Iglesia.


Cultivar la fe: El centro de nuestra formación
Bajo el lema de nuestro trienio actual, “Cultivar la fe”, la jornada inició con un espacio formativo dirigido por Monseñor Mauricio Urbina, Vicario Territorial de San Pablo. Fue un momento para mirar hacia el interior y reflexionar sobre cómo la vida religiosa es, ante todo, un testimonio vivo de confianza en Dios en medio de los desafíos actuales.


Tesoros en vasijas de barro: Trabajo en grupos y signos de unidad
La metodología del encuentro permitió que la fe se compartiera de forma cercana y dinámica. A través del trabajo en grupos, los religiosos y religiosas pudieron dialogar sobre su misión cotidiana, iluminados por la Palabra de Dios.


Un momento especialmente emotivo fue la entrega de un símbolo, inspirado en el pasaje de 2 Corintios 4,6-7:
"Porque el mismo Dios que dijo: «De las tinieblas brille la luz», ha hecho brillar la luz en nuestros corazones... Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros".
Este gesto recordó a cada asistente que, a pesar de la fragilidad humana, la gracia de Dios actúa a través de su entrega incondicional.
Renovación del "Sí" y alegría compartida
El centro de la jornada fue la Sagrada Eucaristía, presidida por Monseñor Nelson Torres, Vicario Territorial de San José. En una atmósfera de solemne oración, los consagrados y consagradas renovaron sus votos de pobreza, castidad y obediencia, reafirmando su deseo de seguir siendo luz en el mundo.


Para cerrar este día de gracia, los participantes disfrutaron de un compartir fraterno. Entre risas y conversaciones, se concluyó una jornada que no solo celebró el pasado, sino que renovó el entusiasmo para seguir caminando juntos, con la fe cultivada y el corazón dispuesto al servicio.


